domingo, 27 de junio de 2010

El hombre de la cabeza cuadrada (1)




Un calor sofocante, un calor sofocante. Cuándo llego, cuándo llego. Ahora viene la curva, sí la curva, ahora viene. Cuándo llego, ahora la curva. Qué venía luego. La curva no termina, cuándo termina esta curva, qué calor sofocante. La curva y el calor. Y el polvo, qué polvo. Es por el calor, este calor hace que haya polvo y la curva levanta polvo. Qué tonterías digo, cómo va a levantar polvo el calor, será el camino. No, el calor hace que en el camino el polvo se levante, sí es así. No llego nunca, me estoy cansando y no llego nunca, no sé qué pensar, sino llego nunca no se qué pensar. Cuando la curva termine vendrá el terraplén, que bajándole, casi habré llegado. No termina la curva, a lo mejor me he equivocado de camino, que llena de polvo el calor. A ver, creo que me estoy liando, no, no, el calor no se llena de polvo y si me he equivocado, cuándo viene el terraplén. Si hay un terraplén, entonces sí que habrá más polvo. Qué calor sofocante y no avanzo, me he equivocado. No, no, el calor no me deja pensar, me entra miedo, a lo mejor es eso que tengo un poco de miedo. Tanto sol y sólo el polvo en este camino, con esta curva que no termina nunca. Sí tenía que haberme esperado, azota como latigazos a las bestias y a la cabeza le zumba y si la cabeza zumba y no funciona, entonces qué voy hacer. No funciona y por eso no veo la cuesta abajo, que luego ya queda muy poco y llego. Estoy tardando tanto que cuando llegue ya no está, se habrá ido, sí con este calor sofocante, seguro que no me ha esperado. Tampoco sé si me conoce, qué cosas digo, pues claro que me conoce, cómo no me va a conocer. El primer día se quedó mirando, mirando, con los ojos muy abiertos. Se me llena la boca de polvo, tengo calor y la boca abierta se llena de polvo, polvo fino que se queda pegado a la lengua, me raspa, entonces tengo sed. El sol en la cabeza no me deja sentir sed, esta agüilla es salada. No tengo sed, esta agüilla salada no me quita la sed, así que no tengo sed. A lo mejor estoy más cerca, voy cuesta abajo, el polvo ahora me llega al pelo, no veo bien, la agüilla salada se mete en la boca y el pelo también. Está salado. El polvo y el pelo están salados y no tengo sed, no me quita la sed. Sudo, por el pelo sudo y caen chorretes por los carrillos, y con el pelo se mete en la boca, los chorretes y el pelo, sudo mucho y no veo bien, entonces sí pierdo la cabeza, no veo, no veo y el suelo está muy cerca, será que ya no veo y el polvo ha llenado la cabeza de sol, con el agüilla que se pega el pelo en la coronilla, pegoteado de polvo y el sol que suda en mi cuerpo, que cerca veo el suelo, a lo mejor es que ya no me muevo, no ando ni nada y estoy tumbada encima del polvo del sol, no del polvo, del camino, ya no hay polvo, entonces es que me he caído, ya no me muevo, no hay más que sol, no hay polvo, y el agüilla no me entra en la boca, se cae por el carrillo, el chorrete resbala y me entra en la oreja, sí, me he caído, no siento que me haya caído, no se cuándo, pero si no hay polvo es que no ando. El polvo no era del sol, era del camino y si no hay polvo no hay camino, no, no es eso, la cabeza se desmenuza con el sol, sí no sé si es el polvo. En la oreja oigo una agüilla, si no estuviera salada podría beber, ahora sí tengo sed, el pelo suda y no me quita la sed. No hay polvo, no veo, será el sol.



Hace fresco, creo que la cabeza se descompuso y se llenó de polvo y se llevó el camino. Hace fresco, sí el sol llenó de agüilla el polvo y ahora está fresco. El sol me tumbó y borró el camino, ahora ya le veo, sí que he bajado, sí. La curva hace mucho tiempo que fue, estoy abajo, cerca ya de donde estará esperándome. No me habrá esperado. El sol no azota como a las bestias, no zumba en la coronilla como muchas abejas juntas, está lejos. Antes, cuando me tumbó, estaba encima de la coronilla, ahora está lejos, a lo lejos, de color naranja, muy, muy naranja. Se ha ido el polvo y el agüilla también, a lo mejor se ha ido, como mi cabeza que se llenó de chorretes y no sé que ha pasado, pero ya estoy muy cerca, está fresquito en esta parte. El camino sigue cuesta arriba, no hay polvo aquí en lo hondo, el sol se ha ido lejos, el agüilla se ha empapado en el pelo, y la charca, donde veo que me espera, con sus ojos como platos y respirando fuerte con el pecho, me quita la sed, mientras le digo: Buenas tardes, señor Sapo.


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